Reflexiono sobre el “ser voluntario/a” y con mi mente y mi corazón camino sobre lo vivido y analizo la motivación que me llevó a ser voluntaria.
Tal vez tener el convencimiento de tratar de hacer lo correcto creo que fue lo que motivó mi ingreso al voluntariado.
Docente de profesión, tuve la maravillosa oportunidad, dual por cierto, de ver y vivir una realidad para mi desconocida hasta ese momento y compartir con otra en el cual no existían ni la marginación ni la pobreza.
Como Coordinadora del DEBIES participé algunos años de un proyecto social para ejecutar campañas de prevención en salud y atención multidisciplinaria a casos particulares.
El ir con jóvenes de escasos recursos económicos para ser atendidos “extra departamento” a centros hospitalarios de la ciudad de Quito para exámenes especializados, operaciones o tratamientos específicos sensibilizaron nuestro accionar profundamente.
Pasar horas junto al biombo de un servicio de emergencia, sentir que el tiritar de nuestro cuerpo no era producto sólo del frío nocturno sino de la mezcla de angustia y la alegría al ver que la jóven a la que acompañábamos en estado de gravidez, estaba próxima al parto o del profundo dolor al asistir en sus últimos momentos a aquel muchacho enfermo con leucemia que sucumbía a la mortal enfermedad.
Hubieron también momentos de plena felicidad cuando asistíamos a la graduación de aquellos bachilleres que gracias a nuestras becas habían estudiado y culminaban con éxito una etapa de su formación académica o de esas angelicales bocas de niños de los primeros grados que con gestos: unos de asombro, otros de miedo y algunos con sonrisas pícaras las abrían para recibir las pastillas en las jornadas médicas de desparasitación.
Hubo un comprometimiento que marcó nuestra vida, fuimos y continuamos siendo agentes de cambio, primero en nuestra propia existencia y luego en el entorno de la vida, del hogar y con los seres con los cuales trabajamos.
Cuanta gratitud queda para aquellos profesionales: médicos, abogados, trabajadores sociales y autoridades hospitalarias que con profunda responsabilidad social establecieron convenios de atención prioritaria, poniendo en el ejercicio profesional la certeza que tenemos los voluntarios que cuando se estrechan manos y esfuerzos podemos convivir en un mundo más justo y más humano y lograr el Desarrollo Humano Sostenible.
Como voluntaria a través de la vida he puesto mi esfuerzo a disposición de diferentes instituciones que desarrollan proyectos en los campos de educación, salud y capacitación.

Hoy me desempeño en SEGESVOL como voluntaria, he tenido el alto honor de presidirla por 6 años y cada día que vivo lo hago intensamente pues el privilegio de servir nos permite trascender en el tiempo.
SEGESVOL motiva, coordinar, capacita, asesora y elabora proyectos sociales, es la Coordinadora del Voluntariado en la provincia de Pichincha con 38 años de labor ininterrumpida, cumple una función de profunda trascendencia en el vivir voluntario, según mi opinión es la lámpara de aceite siempre encendida que orienta al voluntariado hacia un trabajo tecnificado, tejiendo una red de solidaridad en búsqueda de la equidad social y el desarrollo del ser humano con dignidad y al máximo de sus potencialidades. Me siento honrada de ser parte de sus filas y agradezco a Dios cada oportunidad de servicio.
Puedo afirmar que el crecimiento ha sido mutuo y que el Voluntariado hace la diferencia en nuestra vida, nos invita a ser mejores seres humanos y confirmar las sabias palabras de Álvaro Dávila de Guevara que dice: “La Responsabilidad Social surge de la conciencia creciente de que nuestras decisiones tienen un efecto que va mas allá de nuestras organizaciones. En sus propias palabras “Somos hilos de una telaraña. Pero también somos tejedores de la misma. Afectamos y somos afectados por todo el conjunto”.
Abril 27, 2007
Autor: Lucía de Di Domenico, Past-Presidenta de SEGESVOL